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Enero

Mostrando las entradas con la etiqueta emociones. Mostrar todas las entradas
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5 formas efectivas de trabajar las emociones en el aula.

jueves, 20 de abril de 2017


Desde que Daniel Goleman, experto y autor de reconocido prestigio, dice que  la inteligencia emocional consiste en: Conocer las propias emociones: Conocernos a nosotros mismos y ser conscientes de lo que sentimos para no estar al servicio de las emociones incontroladas. Manejar las emociones se volvió un tema interesante no solo para la sociedad sino para campos específicos como la educación y la salud.

Los docentes no pueden sustituirse.

domingo, 2 de agosto de 2015


No vamos a entrar en un discurso filosófico, vamos a hablar de la verdad, un docente no puede ser sustituido, aun con las tecnologías existentes, los miles y miles de libros, y nuevas formas de aprendizajes, es imposible hablar de sustituir.

Las razones por las que no se puede sustituir a un docente es: 

a) El momento de interacción docente-alumno, las devoluciones de los trabajos con la critica constructiva y el apoyo del profesional educativo no las sustituye un mensaje de computadora.

b) Un docente puede decir muchas cosas en cuanto a contenido se refiere, pero el trato para con el estudiante, una conversación una frase lo vuelven inolvidable.

c) El reconocimiento de errores por parte del docente, el reconocer frente a sus estudiantes que no lo sabe todo, que se equivocó en sus años estudiantiles, que la perfección es una búsqueda y no un discurso, hace que se aprenda más del docente y como desenvolverse en la vida que los contenidos. 

d) Un libro de texto, una novela literaria, un poema, no tiene la misma connotación si un docente explica, como se percibe, como lo describe y aunque no sea el cien por cien de la clase que se enganche con el tema, es bastante probable que uno de ellos desarrolle amor por lo que el docente describe y se vuelva su pasión en la vida. 

Por estas y muchas razones más los docentes competentes son insustituibles.- 

Las emociones, vitales en el aprendizaje.

miércoles, 29 de julio de 2015




Mucho se ha dicho de las emociones y la relación directa con las emociones, el investigador en neurociencia Francisco Mora asegura que el elemento esencial en el proceso de aprendizaje es la emoción porque sólo se puede aprender aquello que se ama, aquello que le dice algo nuevo a la persona, que significa algo, que sobresale del entorno en Neuroeducación, el libro que acaba de publicar en Alianza Editorial. “Sin emoción –dice– no hay curiosidad, no hay atención, no hay aprendizaje, no hay memoria”.

Francisco Mora (Granada, 1945), doctor en Neurociencia por la Universidad de Oxford y catedrático de Fisiología de la Universidad Complutense, ha publicado Neuroeducación (Alianza), un volumen con el que pretende desarrollar “las preguntas centrales que son de interés y preocupación en el mundo de la enseñanza a cualquier nivel y ayudar a desentrañar las claves de cómo contestarlas a la luz de los conocimientos mas recientes de la neurociencia cognitiva”.

La alegría como base del aprendizaje

El científico señala que “los niños hoy aprenden, desde muy pronto, conceptos abstractos en habitaciones con ventanales sin mucha luz o luz artificial, con el rigor y la seriedad de maestros que se aleja de aquel “juego” primitivo que generaba aprender y memorizar de lo sensorial directo, “con alegría”, base de la atención y el despertar de la curiosidad”.

Entender esto hoy en su raíz y desde la perspectiva de cómo funciona el cerebro y sacar ventaja de ello –afirma– “es un primer principio básico de la enseñanza con el que se puede llegar a aprender y memorizar mejor. estos principios se pueden extender en su aplicación no solo a la enseñanza básica o durante la adolescencia sino a los más altos estudios universitarios o a estudios aplicados sea la empresa o la investigación científica”.

Asimismo añade que “la neurociencia cognitiva ya nos indica, a través del estudio de la actividad de las diferentes áreas del cerebro y sus funciones que solo puede ser verdaderamente aprendido aquello que te dice algo. aquello que llama la atención y genera emoción. aquello que es diferente y sobresale de la monotonía”.

“La atención, ventana del conocimiento, despierta cuando hay algo nuevo en el entorno. Ese ‘algo nuevo’ apela, como hace millones de años, a la supervivencia como último significado” –añade–. “La atención nace de algo que puede significar recompensa (placer) o castigo (peligro) y que por tanto tiene que ver con nuestra propia vida”. “Pero con el devenir evolutivo y la propia civilización –advierte Mora–, aprender y memorizar son mecanismos que los hemos llevado a unos niveles tan abstractos y de tan alto calado social que escapan y se han venido alejando de las raíces inviolables, genéticas y evolutivas, de aquella alegría que en su origen significó verdaderamente aprender y memorizar”.

Todos los docentes debemos conocer cómo funciona el cerebro revitalizaría la enseñanza. A su juicio, revitalizar hoy la enseñanza y el aprendizaje en este nuevo contexto de una cultura avanzada, “requiere un conocimiento de cómo funciona el cerebro en esos procesos y llevarlo a los maestros y los profesores para que estos finalmente lo apliquen en las aulas”. Asegura que “de esto se han dado cuenta muy recientemente prestigiosos pensadores e instituciones como el recién creado Centro de Neurociencia para la Educación de la Universidad de Cambridge o la International Mind-Brain and Education Society a través de su revista Mind, Brain and Education“. No obstante asegura que “es bien cierto que, hasta ahora, el conocimiento extraído de las neurociencias no ha sido fácil mostrarlo a los maestros y ellos transferirlo como método a la enseñanza de los niños o los estudiantes de instituto”.

Reconoce que “existen problemas en la relación neurocientífico-maestro (y mas allá profesores universitarios) sobre todo en el lenguaje utilizado por los primeros para dirigirse a los segundos en la transferencia de estos conocimientos. y en los segundos, los maestros, para captar, con certeza y seguridad esos conocimientos a la hora de emplearlos con los alumnos”.

“Desde esta perspectiva como base –subraya– se pretende construir este libro que propongo con el título de Neuroeducación y que tendría un formato similar al libro ¿Se puede retrasar el envejecimiento del cerebro?“

Mora,   dice que utilizando un lenguaje sencillo, conciso y asequible pretende “desarrollar las contestaciones a las preguntas básicas y los componentes esenciales del problema que representa el advenimiento de la neurociencia para la educación y enumerar y describir brevemente las soluciones y ventajas de estas nuevas concepciones”.

Fuente: elpais.com

Eduquemos emocionalmente a los estudiantes.

miércoles, 1 de abril de 2015

Los docentes debemos involucrar el factor emocional como parte fundamental del trabajo diario, es preciso que establezcamos cuales son las pautas para desarrollar las clases y las relaciones en el aula y en el centro de estudios a partir del enfoque emocional.

Encontramos en la red estas cuatro indicaciones que nos parecen las pertinentes y sencillas para ejecutar:




1. La necesidad de gestionar las emociones del niño

Seguro que más de una vez te has visto en esta situación: niños que demandan las cosas llorando, que disponen de una facilidad enorme para dejar caer las lágrimas mientras su nivel de ira asciende si no le ofrecemos aquello que quieren. Rabietas que acaban estallando en golpes y gritos.

Es imprescindible que afrontemos estas situaciones desde bien pequeños. Las rabietas hay que ignorarlas. Les atenderemos solo cuando sus lágrimas sean sinceras, evitando reforzar comportamientos inadecuados. Una vez haya comprendido que no vamos a atender a su chantaje o a sus gritos, hablaremos con ellos. Deben aprender dónde están los límites para evitar frustraciones el día de mañana, deben saber también que la rabia, no ofrece resultados. Que solo les atenderemos cuando se dirigen a nosotros con normalidad, sin gritar y sin llorar.

2. Comunicación continúa

Establece con el niño una comunicación abierta y sincera. Evita hablarles en voz alta o gritándoles, y hazlo con madurez. Los niños entienden muchas más cosas de las que crees, y muchos padres y madres caen en el error de dirigirse a ellos con cierta ingenuidad, como si no comprendieran muchas cosas. La comunicación y el diálogo motivador harán que el niño madure, responde a todas sus preguntas, a sus ocurrencias y fantasías. Y más aún, despierta en todo momento la curiosidad en ellos. Hazlos crecer en confianza.




3. Aprender a reconocer emociones en los otros y en ellos mismos

Este aspecto debemos desarrollarlo desde que son pequeños. Es esencial que fomentes la empatía en el niño desde muy temprano con preguntas como esta: ¿Cómo crees que está hoy la abuela, triste o alegre? ¿Cómo piensas que se siente ahora tu hermano después de lo que has hecho? ¿Sabes por qué está enfadado tu amigo del cole, qué puedes hacer para que se sienta mejor? Debemos, en esencia, despertar su interés emocional por las otras personas.

Ahora bien, para reconocer la emoción en el otro, primero ha de aprender a reconocer las suyas propias. Hay muchos niños que tienden a confundir, por ejemplo, la tristeza con la rabia. Reaccionan ante la pena o el sentimiento de desconsuelo con una patada, con gritos o de un modo inadecuado. Es en estos casos cuando mayor trabajo tenemos con ellos, de ahí la importancia que establezcan una separación entre la tristeza y la rabia, y los modos en que pueden canalizarla. Nunca obvies pues con ellos un “¿cómo te sientes? ¿Por qué crees que te sientes así? ¿Qué podrías hacer para sentirte mejor?

Llegada la adolescencia, si son capaces de hablar en voz alta de sus emociones, argumentarlas y gestionarlas, será mucho más fácil para ellos en ese momento evolutivo donde se está asentando su autoconcepto.

4. Fomenta la asertividad y sus habilidades sociales

El niño debe ser capaz de poner en voz alta su opinión, sus necesidades y saber argumentarlas. Todo esto se consigue con un estilo de educación democrática, nunca autoritaria. Esto, como puedes ver, nos vuelve a realzar la necesidad de establecer siempre un diálogo abierto y constructivo. Como padres debemos establecer normas y límites, también prohibiciones, pero arguméntalas con ellos para que comprendan la finalidad, para que sean partícipes y se sientan involucrados.

Si sienten que sus palabras siempre van a ser escuchadas, al igual que sus necesidades y pensamientos, confiarán más en sí mismos, se sentirán seguros, para hacer lo mismo por ejemplo, en el colegio y con sus amistades, evitando así verse dominados o controlados por los demás.Debemos fomentar su autonomía para que se sientan capaces y seguros de sí mismos, viendo siempre dónde están los límites. Respetando a los demás y reconociendo las emociones propias y ajenas.

Todo ello les ayudará a crecer con optimismo, sintiéndose queridos para ser también felices el día de mañana. Educar es una tarea difícil, pero es una aventura que merece la pena.

Cuando los estudiantes nos insultan

miércoles, 11 de septiembre de 2013

En el año al que refiero mi anécdota yo tenia a cargo un sexto grado con niños y niñas de 12 años, tenia uno que tenia 14 años un chico con sobre edad en el aula repetidor. 

Una invitación a los colegas docentes: Emocionalmente Inteligente

martes, 1 de enero de 2013



Según Gardner los seres humanos tenemos inteligencias múltiples, más allá del logro de resolver una ecuación, de encontrar la síntesis de un documento con lenguaje excéntrico y un sin fin de cosas que para la mayoría de nosotros resulta complejo resolver, debemos ante todo y por el bien de los que nos rodean ser inteligentes emocionalmente. Hace años una maestra en mis años de universidad decía  "Si me he divorciado tres veces, ¿soy inteligente emocionalmente?" Les dejo este articulo que encontré en una revista espero les clarifique como a mí.



La capacidad de vivir y manejar las emociones se aprende desde la infancia. Por ello, la familia es la escuela en la que el niño aprende, para bien o para mal, a desarrollar su inteligencia emocional. Pero, desgraciadamente, los padres no siempre son conscientes de la trascendencia que reviste atender, integrar y conducir las emociones infantiles. Los hijos de familias en que se han cultivado bien las emociones, son más sociables y mejores estudiantes, aunque su “otra” inteligencia, la lógica, no sea brillante. Si bien es cierto que la familia y la escuela son fundamentales en el desarrollo de la inteligencia emocional, nunca es tarde para efectuar correcciones y adquirir nuevas habilidades en este terreno. Nos jugamos mucho en ello y, por muy adultos que seamos, podemos desarrollar un dominio más eficaz de las emociones. No olvidemos que las perturbaciones emocionales afectan a la salud. Gestionar bien las emociones fuertes o negativas, aprender a vivirlas, puede potenciar nuestro sistema inmunológico y cardiovascular. En la vida de pareja se ha comprobado, asimismo, que la estabilidad de la relación y el éxito en la toma de decisiones dependen mucho de la madurez y estabilidad emocional de sus miembros. 

¿Soy emocionalmente inteligente?: cómo saberlo Aunque no se puede medir psicométricamente con la exactitud con que se determina el coeficiente intelectual, hay indicadores de inteligencia emocional. Entre paréntesis, encontrará la respuesta que daría una persona emocionalmente inteligente a las siguientes cuestiones.


  • ¿Sabe usted empatizar, es sensible ante las emociones ajenas? (Sí) ¿Controla adecuadamente sus impulsos? (Sí) 
  • ¿Cómo tolera las frustraciones? (Bien, con perspectiva e intentando positivizar) 
  • ¿Expresa controladamente sus sentimientos? (Sí) 
  • ¿Es capaz de afrontar serenamente los conflictos con otras personas? (Sí) 
  • ¿Cómo sale de los baches emocionales? ¿Derrotado? ¿Le duran mucho tiempo? (Con tranquilidad, fijándome en lo positivo de la nueva situación. Con fuerzas para empezar de nuevo. El bache se supera poco a poco, sin prisa, pero sin pausa) Cuando se enfada ¿lo hace con quien debe y cuando debe? (Sí, exclusivamente) 
  • ¿Se prohíbe llorar? (No, a veces lo hago; y no pasa nada) 
  • ¿Le parece que reírse a carcajadas o contar chistes es frívolo? (No, en absoluto. El humor es maravilloso ) 




Tomado de: Revista Consumer